Tumbarse boca arriba, doblar las rodillas y elevar las caderas hacia el cielo: pocas posturas son tan accesibles y a la vez tan completas como Kandharasana. El cuerpo dibuja un puente sereno entre los hombros apoyados en el suelo y los pies firmes contra la tierra, y en ese arco suave reside una de las extensiones más valiosas para la columna moderna.
Kandharasana es la postura del puente en su versión tradicional, tal como se enseña en la Bihar School of Yoga. Es una extensión en posición supina que fortalece la parte posterior del cuerpo, abre el pecho y contrarresta las horas que pasamos encorvados frente a pantallas.
En este artículo descubrirás el significado de su nombre, la técnica paso a paso, los errores que conviene evitar, sus beneficios y las variantes que te permitirán adaptarla a cualquier nivel de práctica.
Qué significa Kandharasana y de dónde viene su nombre
La palabra Kandharasana se compone de dos raíces sánscritas: kandhara, que significa «hombros» o «cuello», y asana, que significa «postura». La traducción literal es «la postura de los hombros», un nombre que describe con precisión dónde recae el peso del cuerpo cuando las caderas se elevan.
Al subir la pelvis y el pecho, el apoyo se reparte entre los pies y la región de los hombros y la nuca. Son los hombros los que sostienen el arco del puente, y de ahí nace el nombre. La cabeza permanece relajada, sin presión, mientras la cintura escapular trabaja como cimiento estable.
Conviene distinguir Kandharasana del genérico Setu Bandhasana o Setu Bandha Sarvangasana, el puente más conocido en Occidente. En la tradición de la Bihar School of Yoga, fundada por Swami Satyananda Saraswati, Kandharasana tiene una seña de identidad: las manos sujetan los tobillos durante la elevación.
Este agarre cambia la dinámica de la postura. Al sujetar los tobillos, los brazos crean una tracción que abre aún más el pecho y enraíza los pies, mientras que el puente clásico suele dejar los brazos extendidos a los lados o entrelazados bajo el cuerpo. Ambas pertenecen a la familia de las extensiones suaves del Hatha Yoga, pero Kandharasana imprime un sello propio.
Cómo hacer Kandharasana paso a paso
La siguiente descripción corresponde a la versión tradicional con agarre de tobillos. Las adaptaciones para quienes no lleguen a sujetar los tobillos se detallan más adelante. Trabaja siempre desde la comodidad, nunca desde la fuerza.
1. Túmbate boca arriba. Acuéstate en posición supina sobre la esterilla, con la espalda apoyada y los brazos relajados a los lados del cuerpo. Tómate unos segundos para sentir el contacto de la columna con el suelo y respirar con calma antes de empezar.
2. Flexiona las rodillas y acerca los pies. Dobla ambas rodillas y desliza los pies hacia los glúteos, apoyando las plantas completamente en el suelo, al ancho de las caderas. Cuanto más cerca queden los talones de los glúteos, más fácil será el agarre y mayor la apertura del pecho.
3. Sujeta los tobillos con las manos. Alarga los brazos hacia los pies y agarra cada tobillo con la mano del mismo lado. Si no llegas, no fuerces el hombro: más adelante encontrarás la variante con los brazos a los lados. Este agarre es la firma de Kandharasana.
4. Presiona los pies y eleva las caderas. Inhala y empuja con firmeza las plantas de los pies contra el suelo. Desde esa raíz, eleva la pelvis hacia arriba activando los glúteos. Las caderas suben primero, y el pecho las acompaña en un arco continuo y armónico.
5. Abre el pecho y reparte el apoyo. Lleva el esternón hacia la barbilla sin presionar el cuello. El peso descansa sobre los pies y sobre los hombros, nunca sobre la nuca. Imagina que el pecho se expande hacia el techo mientras los muslos se mantienen paralelos.
6. Respira y sostén con conciencia. Mantén la postura entre 5 y 10 respiraciones completas, alargando la columna en cada inhalación y enraizando los pies en cada exhalación. Para salir, exhala y desciende la columna vértebra a vértebra, desde la parte alta de la espalda hasta el sacro. Descansa y repite si lo deseas.

Errores comunes que debes evitar
Dejar que las rodillas se abran hacia fuera. Es el error más frecuente. Cuando las rodillas se separan, los muslos rotan hacia el exterior y la fuerza se escapa de los glúteos. Mantén las rodillas alineadas con los tobillos y las caderas, como si sostuvieras un bloque entre ellas. Los muslos deben permanecer paralelos durante toda la elevación.
Empujar con el cuello. La tentación de mirar entre las piernas o levantar la cabeza pone una presión peligrosa sobre las cervicales. La cabeza y el cuello deben quedar completamente relajados sobre el suelo. La mirada se dirige al techo y la garganta permanece blanda y sin tensión.
Despegar los hombros del suelo. Los hombros son el cimiento del puente y deben mantenerse firmemente apoyados. Si los hombros se elevan o ruedan hacia delante, el arco pierde estabilidad y la presión se traslada al cuello. Encájalos hacia abajo y atrás antes de subir las caderas.
Elevar desde la zona lumbar en lugar de los glúteos. Si empujas la pelvis hacia arriba arqueando la espalda baja, comprimes las vértebras lumbares en vez de movilizar la cadera. La elevación nace del trabajo de los glúteos y los isquiotibiales. Activa primero las nalgas y deja que ellas levanten la pelvis, protegiendo así la zona lumbar.
Contener la respiración. Al sostener una postura activa es habitual bloquear el diafragma sin darse cuenta. Sin embargo, la respiración fluida es la que mantiene el pecho abierto y la mente serena. Cada inhalación crea espacio en el tórax; cada exhalación asienta la postura. Trabajar el control respiratorio transforma el puente en una práctica consciente.
Beneficios de Kandharasana
El puente pertenece a la familia de las extensiones suaves, una categoría de posturas especialmente terapéutica para el cuerpo contemporáneo, marcado por el sedentarismo y las posturas cerradas hacia delante.
Fortalece glúteos, isquiotibiales y espalda. La elevación sostenida activa intensamente toda la cadena posterior del cuerpo. Los glúteos, los isquiotibiales y la musculatura paravertebral trabajan juntos para mantener el arco. Es uno de los ejercicios más eficaces y seguros para tonificar esta zona sin necesidad de cargas externas.
Abre el pecho y los flexores de la cadera. Al elevar la pelvis, los flexores de la cadera y el psoas se estiran, mientras el pecho se expande hacia arriba. Esta apertura contrarresta directamente la postura encorvada que adoptamos al sentarnos frente al ordenador o al móvil durante horas.
Alivia la tensión de la espalda baja. Aunque parezca paradójico, una postura que extiende la columna puede aliviar la rigidez lumbar acumulada. El puente fortalece la musculatura que sostiene la zona lumbar y descomprime de forma suave. Por eso forma parte de muchas secuencias de yoga para el dolor de espalda, siempre con la técnica correcta.
Estimula los órganos abdominales y la tiroides. La ligera presión del mentón hacia el pecho y el estiramiento del abdomen masajean suavemente los órganos internos y estimulan la glándula tiroides. La tradición yóguica considera el puente una postura beneficiosa para el metabolismo y la digestión.
Contrarresta el sedentarismo. Pasamos demasiadas horas sentados, con las caderas flexionadas y el pecho cerrado. Kandharasana revierte exactamente ese patrón: extiende las caderas, activa los glúteos dormidos y reabre el tórax. Es un antídoto sencillo y cotidiano contra los efectos de la vida sedentaria.
Calma y energiza a la vez. Una de las cualidades más bellas de esta postura es su doble efecto. La apertura del pecho aporta energía y vitalidad, mientras que la posición supina y la respiración consciente serenan el sistema nervioso. Practicada con calma, deja una sensación de equilibrio entre la activación y la quietud.

Contraindicaciones y adaptaciones
Lesiones de cuello. Dado que parte del peso recae en la región de los hombros y la nuca, las personas con lesiones cervicales, hernias en el cuello o molestias en esa zona deben evitar la versión completa o practicarla solo bajo supervisión. Nunca girar la cabeza estando en la postura.
Lesiones de hombro. El agarre de los tobillos requiere apertura y estabilidad en los hombros. Si existe una lesión en el manguito rotador o limitación de movilidad, lo más prudente es practicar la variante con los brazos a los lados, sin sujetar los tobillos. Así se conservan todos los beneficios sin comprometer la articulación.
Lesiones de espalda. Quien tenga una hernia discal lumbar o un diagnóstico de espalda delicado debe consultar con su fisioterapeuta antes de practicar. En muchos casos, una elevación moderada activando bien los glúteos es segura, pero requiere atención profesional y progresión cuidadosa.
Embarazo avanzado. A partir del segundo trimestre, permanecer boca arriba durante tiempo prolongado puede resultar incómodo y se desaconseja. Existen alternativas más adecuadas para esta etapa, y siempre conviene contar con la guía de un profesional especializado en yoga prenatal.
Variante apoyada con bloque. Para una práctica suave y restaurativa, eleva la pelvis y desliza un bloque bajo el sacro. La postura se sostiene sin esfuerzo muscular, dejando que la gravedad abra el pecho. Esta versión apoyada es un recurso valioso dentro del yoga restaurativo, ideal para descansar la espalda al final del día.
Variante sin sujetar los tobillos. Si no llegas a los tobillos o quieres reducir la exigencia, simplemente deja los brazos extendidos a los lados del cuerpo, con las palmas hacia abajo, y presiona los antebrazos contra el suelo para ayudar a elevar las caderas. Es la forma más accesible de empezar.
Variantes para explorar el puente
Setu Bandha Sarvangasana con brazos entrelazados. En esta versión clásica del puente, los brazos no sujetan los tobillos, sino que se entrelazan por debajo del cuerpo. Los dedos se cruzan y los hombros ruedan hacia dentro, permitiendo elevar el pecho aún más. Es la variante más extendida en las clases de yoga contemporáneas y profundiza la apertura torácica.
Puente a una pierna (Eka Pada Setu Bandhasana). Desde el puente sostenido, extiende una pierna hacia el techo manteniendo la pelvis nivelada. Esta variante intensifica el trabajo del glúteo y el isquiotibial de la pierna de apoyo, además de exigir estabilidad y control. Es un reto que conviene abordar solo cuando el puente básico se domina con comodidad.
Camino hacia las extensiones profundas. Kandharasana es la puerta de entrada a un mundo de extensiones más amplias. Prepara la columna y los hombros para posturas como la cobra o el camello, y a largo plazo allana el terreno hacia la rueda, su progresión más avanzada. El puente enseña el patrón de movimiento que todas ellas comparten: enraizar para elevar, abrir sin comprimir.
El puente como gesto de apertura cotidiana
Hay algo profundamente simbólico en la forma del puente. El cuerpo se convierte en un arco que une dos orillas, los pies y los hombros, sosteniéndose a sí mismo sobre el vacío. En ese gesto sencillo se condensa buena parte de lo que el yoga propone: estabilidad y apertura al mismo tiempo.
Kandharasana no exige flexibilidad extraordinaria ni años de práctica. Cualquier persona puede tumbarse, doblar las rodillas y elevar las caderas. Y, sin embargo, dentro de esa simplicidad hay matices infinitos: la activación precisa de los glúteos, la apertura honesta del pecho, la respiración que sostiene el arco sin esfuerzo.
Por su accesibilidad y sus beneficios, el puente merece un lugar fijo en la rutina diaria. Practicado al despertar despierta el cuerpo; practicado al anochecer, en su versión apoyada, prepara para el descanso y conecta con la quietud de Savasana.
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