Posturas sagradas del yoga: la mitología oculta detrás de cada asana

posturas sagradas

Cada vez que despliegas los brazos en la postura del Guerrero, estás encarnando a un ser furioso nacido del dolor de Shiva. Cuando intentas el split en Hanumanasana, recreas el salto imposible de un mono divino cruzando el océano.

Y al enroscarte en Garudasana, te conviertes en el águila que venció a las serpientes del ego. ¿Sabías que tu práctica está llena de estas historias?

La mayoría de practicantes pasamos años subiendo y bajando de la esterilla sin conocer el significado espiritual que se esconde detrás de cada postura. Memorizamos los nombres en sánscrito, aprendemos la alineación correcta y trabajamos la flexibilidad.

Pero nos perdemos la mitad de la experiencia. Las asanas no son simples ejercicios físicos: son portales a historias milenarias de dioses, demonios y sabios que lucharon, amaron y trascendieron.

En este artículo vamos a descubrir la mitología hindú detrás de 6 posturas icónicas. Aprenderás sus historias originales y, sobre todo, cómo ese conocimiento puede transformar tu forma de practicar yoga para siempre.

¿Por qué las asanas tienen nombres de dioses y sabios?

Antes de sumergirnos en las historias, es importante entender por qué existen. En la tradición védica, el cuerpo humano se considera un templo sagrado.

Al adoptar la forma física de una deidad o un sabio iluminado, no estás haciendo «gimnasia espiritual»: estás invocando las cualidades de ese ser en tu propia experiencia.

Los antiguos yoguis creían que al colocar el cuerpo en ciertas posiciones, podías canalizar la energía y las virtudes asociadas a esa figura. Virabhadra te presta su coraje. Hanuman te ofrece su devoción inquebrantable. Nataraja te enseña a bailar entre el caos y el orden.

Conocer estas historias convierte cada asana en una meditación activa. Ya no estás simplemente «estirando los isquiotibiales» o «fortaleciendo el core». Estás participando en un acto simbólico que conecta tu práctica con miles de años de tradición espiritual.

Posturas dedicadas a los Dioses

Virabhadrasana: El Guerrero nacido de la ira

La historia del Guerrero es, posiblemente, la más dramática de toda la mitología yóguica. Y no tiene nada que ver con batallas heroicas ni con la valentía convencional. Es una historia de amor, traición y venganza.

Sati, la primera esposa de Shiva, era hija de Daksha, un poderoso rey que despreciaba a su yerno. Daksha organizó un gran sacrificio ritual e invitó a todos los dioses del panteón hindú, excepto a Shiva.

A pesar de las advertencias de su marido, Sati decidió asistir para confrontar a su padre. La humillación que recibió fue tan brutal que Sati, incapaz de soportar el insulto hacia el hombre que amaba, se arrojó al fuego sacrificial.

Cuando Shiva recibió la noticia, su dolor fue tan desgarrador que arrancó un mechón de su propio cabello y lo estrelló contra el suelo. De ese gesto nació Virabhadra, un guerrero feroz con mil brazos y ojos de fuego.

Las tres variantes de la postura representan los tres actos de esta venganza:

  • Virabhadra I: El guerrero emerge de la tierra con ambas espadas en alto, listo para la batalla.
  • Virabhadra II: Divisa a su objetivo, Daksha, y se prepara para atacar con los brazos extendidos.
  • Virabhadra III: Se inclina hacia delante en un movimiento veloz y decapita a Daksha.

¿Qué nos enseña esta postura? Que las emociones intensas como la ira o el dolor no tienen que destruirnos. Podemos canalizarlas en fuerza, determinación y acción.

Cada vez que mantienes el Guerrero II con los muslos ardiendo, estás practicando la transformación del sufrimiento en poder.

Beneficios físicos: Fortalece piernas y glúteos, abre las caderas, mejora la resistencia y la estabilidad.

Natarajasana: La danza cósmica de la creación y destrucción

Shiva no es solo el Destructor del universo. En su forma de Nataraja (literalmente «Rey de la Danza»), representa el ciclo eterno de creación, preservación y disolución que gobierna toda la existencia.

Cuenta la leyenda que un grupo de sabios en los bosques del sur de India se habían corrompido, practicando rituales oscuros. Shiva, disfrazado de mendigo, los confrontó.

Furiosos, los sabios enviaron contra él bestias feroces, serpientes venenosas y, finalmente, un enano monstruoso llamado Apasmara, que representaba la ignorancia y el ego humano.

Shiva no luchó contra el enano. Simplemente sonrió, se transformó en Nataraja y comenzó a bailar. Su danza era tan perfecta, tan hipnótica, que el universo entero se detuvo a contemplarla.

Bajo su pie derecho, aplastó a Apasmara, pero no lo mató: la ignorancia no puede ser destruida por completo, solo mantenida bajo control mediante la conciencia constante.

La iconografía de Nataraja está llena de simbolismo: el círculo de fuego representa el ciclo cósmico, el tambor en su mano crea el ritmo del universo, y su cabello salvaje simboliza el flujo del río Ganges.

¿Qué nos enseña esta postura? Que la vida es una danza entre opuestos: luz y sombra, estabilidad y cambio, creación y destrucción. En lugar de resistirnos, podemos aprender a fluir con gracia y equilibrio.

Beneficios físicos: Mejora el equilibrio, fortalece piernas y tobillos, abre el pecho y los hombros, estira los flexores de cadera.

Hanumanasana: El salto de fe imposible

Hanuman es quizás la figura más querida de la mitología hindú. Este dios con forma de mono es el símbolo supremo de la devoción, la lealtad y la capacidad de superar cualquier obstáculo cuando el corazón está en el lugar correcto.

En el épico Ramayana, la esposa del dios Rama, Sita, fue secuestrada por el demonio Ravana y llevada a la isla de Lanka (actual Sri Lanka). Hanuman, devoto absoluto de Rama, se ofreció a rescatarla.

Había solo un pequeño problema: el océano que separaba India de Lanka era inmenso e imposible de cruzar.

Pero Hanuman no dudó. Su amor por Rama era tan grande que hizo lo imposible: tomó impulso y realizó un salto gigantesco que lo llevó de un continente a otro.

Un pie quedó en India, el otro aterrizó en Lanka. Es este salto épico, este split cósmico, lo que representa Hanumanasana.

¿Qué nos enseña esta postura? Que cuando actuamos desde el amor y la devoción, nuestros límites se expanden. Lo que parece imposible se vuelve alcanzable.

No importa si hoy tus manos no llegan al suelo en esta postura: el viaje hacia ella es un acto de fe en ti mismo.

Beneficios físicos: Estiramiento profundo de isquiotibiales y flexores de cadera, mejora la flexibilidad de toda la cadena posterior.

Garudasana: El águila que venció al veneno

Garuda es el rey de las aves, un ser extraordinario que nació de un huevo con cuerpo humano, alas poderosas y pico de águila. Es el vehículo de Vishnu y el enemigo eterno de las serpientes (nagas).

En la simbología hindú, las serpientes representan el veneno del ego y los pensamientos tóxicos.

La leyenda cuenta que la madre de Garuda fue esclavizada por su hermana, madre de las serpientes. Para liberarla, Garuda tuvo que robar el néctar de la inmortalidad de los propios dioses.

Lo consiguió gracias a su determinación imparable y su visión clara, que le permitía ver a través de cualquier engaño.

Desde entonces, Garuda representa la capacidad de elevarse por encima de lo mundano, de ver con claridad y de vencer las «serpientes» internas que nos envenenan: la envidia, el resentimiento, la confusión.

Si quieres profundizar en esta fascinante postura, tenemos un artículo completo sobre Garudasana donde exploramos su técnica y variantes.

¿Qué nos enseña esta postura? Que podemos elevarnos por encima de nuestros pensamientos limitantes. La concentración intensa que requiere el equilibrio en Garudasana es una práctica de enfoque mental y claridad.

Beneficios físicos: Fortalece piernas y tobillos, estira la parte superior de la espalda, mejora el equilibrio y la concentración.

Posturas dedicadas a los Sabios

Astavakrasana: El sabio de las ocho curvas

No todas las posturas llevan nombres de dioses. Algunas honran a sabios humanos cuyas vidas fueron ejemplos de superación y sabiduría. Astavakra es uno de los más inspiradores.

Astavakra significa literalmente «ocho curvas» o «torcido en ocho lugares». Este sabio nació con una deformidad severa que retorcía su cuerpo en ocho puntos diferentes.

¿El motivo? Antes de nacer, mientras aún estaba en el vientre de su madre, Astavakra escuchó a su padre recitar los Vedas de forma incorrecta y lo corrigió. Furioso por la insolencia de un niño no nacido, su padre lo maldijo.

A pesar de su cuerpo deforme, Astavakra desarrolló una sabiduría extraordinaria. A los 12 años, viajó a la corte del rey para participar en un debate filosófico donde su padre había sido derrotado y desterrado.

Los cortesanos se rieron de su apariencia. Astavakra respondió: «Veo que esta es una corte de zapateros, no de sabios. Solo ven el cuero, no lo que hay dentro».

Su brillantez dejó a todos en silencio. Venció en el debate y liberó a su padre.

Si esta historia te ha inspirado, puedes explorar la técnica completa en nuestro artículo sobre Astavakrasana.

¿Qué nos enseña esta postura? Que el valor de una persona no está en su apariencia exterior. Esta asana nos recuerda que debemos mirar más allá de lo superficial, tanto en los demás como en nosotros mismos.

Beneficios físicos: Fortalece brazos, muñecas y core, mejora el equilibrio y la coordinación.

Matsyasana: El pez que salvó la sabiduría

Cerramos con una historia de salvación cósmica. Matsya (el pez) fue el primer avatar de Vishnu, quien tomó esta forma para salvar a la humanidad y a los textos sagrados de un diluvio universal.

La historia cuenta que Vishnu, en forma de pequeño pez, fue rescatado por un rey bondadoso llamado Manu. El pez creció y creció hasta alcanzar proporciones gigantescas.

Entonces reveló su verdadera identidad y advirtió a Manu del diluvio que se avecinaba.

Matsya instruyó al rey para que construyera un barco y guardara en él las semillas de todas las plantas, una pareja de cada animal y, crucialmente, todos los Vedas: los textos sagrados que contienen todo el conocimiento espiritual.

Cuando las aguas cubrieron la tierra, Matsya remolcó el barco hasta que las aguas bajaron, preservando así la vida y la sabiduría para las generaciones futuras.

¿Qué nos enseña esta postura? La importancia de preservar lo sagrado, de proteger el conocimiento y de confiar en que siempre hay fuerzas benévolas guiándonos, incluso en los momentos de mayor destrucción.

Beneficios físicos: Extensión profunda de la columna, apertura del pecho y la garganta, estiramiento de los flexores de cadera, estimulación de la tiroides.

Cómo practicar con intención mitológica

Ahora que conoces estas historias, tu práctica puede transformarse completamente. Aquí tienes una forma sencilla de incorporar la intención mitológica en tu rutina:

Antes de la postura: Recuerda brevemente la historia. No hace falta recitarla entera, basta con conectar con su esencia. «Voy a encarnar la determinación de Virabhadra» o «Me abro como Garuda para ver con claridad».

Durante la postura: Visualiza el simbolismo. Siente que no estás solo estirando músculos, sino canalizando una energía ancestral. Los brazos abiertos del Guerrero II son espadas. Tu equilibrio en Garudasana te eleva sobre las serpientes del ego.

Después de la postura: Dedica un momento a reflexionar. ¿Qué cualidad de esa deidad o sabio necesitas hoy en tu vida? ¿Coraje? ¿Claridad? ¿Devoción? Lleva esa intención contigo fuera de la esterilla.

Cada postura es una puerta

Las asanas son mucho más que geometría corporal. Son historias encarnadas, fragmentos vivos de una tradición milenaria que sigue resonando en cada práctica.

Conocer la mitología no es un ejercicio intelectual: es una invitación a practicar con mayor presencia, mayor intención y mayor conexión con algo más grande que nosotros mismos.

La próxima vez que te subas a la esterilla, elige una postura y profundiza en ella. Investiga su historia. Practica como si estuvieras participando en un ritual antiguo. Porque, en cierto modo, lo estás haciendo.

Si quieres seguir explorando el mundo del yoga más allá de lo físico, te recomendamos leer sobre los Yamas y Niyamas, los principios éticos que guían la práctica, o descubrir el poder del Pranayama para conectar aún más profundamente con tu energía interior.

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