Hay posturas que se entienden mejor con la historia que las acompaña. Natarajasana es una de ellas. No es solo un equilibrio elegante: es la representación corporal de una de las imágenes más poderosas de la tradición india, la danza de Shiva como señor del cosmos.
La postura del bailarín combina equilibrio, fuerza, flexibilidad y apertura toracica en un solo gesto. Practicada con presencia, es una de las asanas más hermosas del repertorio, capaz de transmitir tanto concentración como alegría. Por eso es un cierre perfecto: pide lo mejor del cuerpo y lo mejor de la mente al mismo tiempo.
En este artículo veremos quién fue Nataraja, qué simboliza su danza, cómo ejecutar la postura con seguridad, cuál es la progresión desde las versiones simples hasta la completa y por qué esta asana cierra el mes de forma tan luminosa.
Significado: Nataraja, el señor de la danza
La palabra Natarajasana se forma con tres raíces sánscritas: nata (नट), «danza»; raja (राज), «rey» o «señor»; y asana (आसन), «postura». La traducción literal es «la postura del señor de la danza». Ese señor es Shiva en su forma danzante, conocido tradicionalmente como Nataraja.
La figura de Nataraja es una de las representaciones iconográficas más veneradas del hinduismo. Un Shiva de cuatro brazos baila dentro de un aro de fuego sobre un demonio enano que simboliza la ignorancia. Cada elemento de la imagen tiene un significado: el tambor en una mano representa el pulso de la creación, la llama en otra simboliza la destrucción, otra mano ofrece protección y la última apunta al pie elevado como refugio.
La danza de Nataraja representa el ritmo cósmico de la existencia: creación, preservación, destrucción, ocultamiento y liberación. Todo simultáneo, todo en movimiento. El universo entero es la coreografía de Shiva.
El simbolismo de la danza cósmica
En la tradición, la danza de Shiva no es entretenimiento sino mantenimiento del universo. Su movimiento sostiene la existencia. Cuando para de bailar, el cosmos se disuelve; cuando vuelve a bailar, se recrea. La danza es, literalmente, el motor del ser.
Natarajasana invita al practicante a encarnar esa misma energía. No se trata de una pose estática y rígida, sino de un equilibrio vibrante que se sostiene con la respiración. La postura completa, con el pie trasero elevado cerca de la cabeza, evoca a Shiva con la pierna levantada, lista para seguir danzando.
Esta dimensión simbólica no es decorativa: transforma la práctica. Sostener Natarajasana pensando en la danza cósmica cambia completamente la experiencia de la postura. No es solo equilibrio: es participación en algo mucho más grande que uno mismo.
Preparación necesaria antes de Natarajasana
Natarajasana pide tres cualidades al mismo tiempo: equilibrio sobre una pierna, apertura del hombro y flexibilidad del cuádriceps. Ninguna de las tres llega por casualidad. La preparación específica es lo que permite acceder a la postura sin forzarla.
El equilibrio se entrena con posturas de pie sobre una pierna como Vrikshasana (el árbol) o Garudasana (el águila). Unos minutos de trabajo previo sobre una pierna despiertan los estabilizadores del tobillo y la consciencia propioceptiva.
La apertura del hombro se prepara con variantes de Gomukhasana (cara de vaca) y con estiramientos del dorsal ancho. Sin esta movilidad, llevar el brazo hacia atrás para alcanzar el pie es imposible sin comprometer la zona cervical o lumbar.
La flexibilidad del cuádriceps se trabaja con Ustrasana y con variantes en el suelo como la postura del caballero con estiramiento. Sin ella, llevar el pie cerca de la cabeza es imposible.
Cómo hacer Natarajasana paso a paso
La siguiente descripción corresponde a la versión intermedia, accesible para la mayoría de practicantes con unos meses de experiencia. Las versiones más avanzadas se describen más adelante.
- Parte de Tadasana. De pie, con los pies juntos o ligeramente separados, activa los cuádriceps y enraíza los pies en el suelo. Inhala y crece desde la coronilla, preparando una base estable.
- Transfiere el peso a la pierna derecha. Sin prisa, desplaza el peso completamente al pie derecho. Los cuatro extremos del pie presionan el suelo por igual. La rodilla derecha permanece microflexionada, nunca bloqueada.
- Flexiona la rodilla izquierda. Lleva el talón izquierdo hacia el glúteo del mismo lado. Sostén el empeine o el tobillo con la mano izquierda por la parte interior del pie. La rodilla apunta al suelo, no se abre hacia afuera.
- Alarga la columna. Antes de iniciar cualquier movimiento hacia delante o hacia atrás, alarga la columna verticalmente. Abre el pecho, desciende los omóplatos por la espalda. Esta alineación previa es lo que permite que la postura se abra después.
- Extiende el brazo derecho al frente. Eleva el brazo derecho paralelo al suelo, como si apuntaras a un punto lejano. Este brazo es el contrapeso del movimiento que viene después.
- Eleva el pie izquierdo hacia atrás y arriba. Con una inhalación, empuja el pie izquierdo hacia atrás y hacia arriba con la mano, alejándolo del glúteo. El muslo se eleva, la cadera se abre. La pelvis se inclina ligeramente hacia delante.
- Inclina el tronco hacia delante. Acompaña la elevación del pie con una inclinación del tronco hacia adelante. El movimiento es fluido y simultáneo: cuanto más sube el pie, más se inclina el tronco. El centro de gravedad se mantiene sobre el pie de apoyo.
- Fija la mirada. El drishti (punto de enfoque visual) se dirige a un punto fijo al frente, a la altura de los ojos. Esta fijación visual es lo que estabiliza el equilibrio. Si la mirada se desplaza, la postura cae.
- Respira y sostén. Permanece entre 5 y 10 respiraciones completas. La respiración debe fluir libremente, sin contenerse. Para salir, desciende el pie con control, libera el brazo y regresa a Tadasana. Repite con el otro lado.

Alineación correcta: el secreto está en la mirada y el contrapeso
Natarajasana no es solo una cuestión de flexibilidad. Hay dos elementos técnicos que diferencian una postura estable y elegante de una que tambalea y colapsa: la fijación del drishti y la gestión del contrapeso entre el brazo extendido y la pierna elevada.
El drishti: la mirada que sostiene
Toda postura de equilibrio sobre una pierna depende de la mirada. El sistema vestibular, la propiocepción y la visión trabajan juntos para mantener el cuerpo estable. Si dos de los tres sistemas se comprometen, la postura cae.
En Natarajasana, la mirada debe fijarse en un punto inmóvil al frente, a la altura de los ojos o ligeramente por debajo. No un espejo, no otra persona, no una ventana con movimiento. Un punto fijo: una marca en la pared, una ranura del suelo, un detalle estático.
Si el practicante mira hacia abajo, la postura pierde altura y tiende a desequilibrarse hacia delante. Si mira hacia arriba, el cuello se tensa y el equilibrio se pierde hacia atrás. La mirada horizontal, fija y suave, es la ancla del equilibrio.
El contrapeso entre brazo y pierna
El movimiento hacia atrás del pie elevado debe compensarse con la extensión del brazo contrario hacia adelante. Ambos movimientos ocurren simultáneamente y en proporción. Si uno se adelanta al otro, la postura se desequilibra.
El brazo extendido actúa como un timón. Cuando el pie sube más atrás, el brazo se inclina más adelante. Esta relación es dinámica: la postura nunca es completamente estática, sino un equilibrio activo que ajusta continuamente las dos palancas.
La pierna de apoyo permanece activa todo el tiempo. El cuádriceps se contrae, el glúteo estabiliza la cadera, el tobillo propiocepta constantemente. Si la pierna se relaja, la postura colapsa en segundos.
Beneficios de Natarajasana
Como toda postura de equilibrio integrada con extensión y apertura, Natarajasana ofrece beneficios que van mucho más allá del aspecto estético de la forma final.
Beneficios físicos
La postura fortalece la pierna de apoyo de forma integral. Tobillo, pantorrilla, cuádriceps, glúteo y estabilizadores de cadera trabajan juntos para sostener el peso completo del cuerpo en un plano cambiante. Es uno de los ejercicios de fuerza funcional más completos del yoga.
El cuádriceps de la pierna elevada recibe un estiramiento profundo, compensado por la acción del mano que sostiene el pie. Esta combinación de tracción y resistencia alarga el músculo de una manera difícil de replicar fuera de la postura.
A nivel torácico, la postura abre el pecho y mejora la movilidad de la columna dorsal. La inclinación del tronco combinada con la extensión del brazo y la pierna estira los pectorales y los flexores de cadera, contrarrestando los patrones de postura cerrada tan comunes.
El equilibrio y la propiocepción mejoran notablemente con la práctica regular. Los músculos estabilizadores, el sistema vestibular y la coordinación se entrenan en cada repetición. Personas mayores o con riesgo de caídas encuentran en esta familia de posturas una prevención natural excelente.
Beneficios energéticos y mentales
En la tradición, Natarajasana estimula Anahata (corazón) y Ajna (tercer ojo). El pecho abierto libera la zona del corazón, mientras que la concentración sostenida en el drishti activa la atención concentrada que se asocia con el tercer ojo.
A nivel mental, la postura exige concentración total. No hay manera de sostenerla pensando en otra cosa. Esa cualidad la convierte en una práctica de meditación activa, donde la mente se recoge naturalmente porque no tiene opción de dispersarse.
Muchos practicantes reportan una sensación de alegría tras Natarajasana. La combinación de apertura del pecho, concentración profunda y logro del equilibrio produce una subida de ánimo observable. Es una postura que deja huella emocional positiva.

Progresión: de las versiones accesibles a la completa
Natarajasana completa no es accesible desde el primer día para la mayoría de los cuerpos. Pero existe una progresión clara que permite trabajar la postura con seguridad desde el principio.
Nivel 1: Natarajasana con apoyo en pared
Colócate frente a una pared y apoya la mano contralateral (la mano del mismo lado que la pierna elevada) sobre la pared para sostener el equilibrio. Esta variante elimina el reto del equilibrio y permite concentrarse en la apertura del cuádriceps y la elevación de la pierna.
Es la versión ideal para principiantes y para trabajar progresivamente la flexibilidad sin frustración. Practicada varias veces por semana durante varias semanas, prepara el terreno para la versión sin apoyo.
Nivel 2: Natarajasana sin apoyo, con pie cerca del glúteo
Sin pared, pero sin llevar el pie muy alto. El talón se aleja del glúteo solo unos centímetros, el brazo opuesto se extiende al frente y el tronco se inclina moderadamente. Es la versión intermedia que permite trabajar la postura completa sin las exigencias extremas de flexibilidad.
La mayoría de practicantes pueden sostener esta versión con varias semanas de preparación. Es perfectamente válida como postura final y produce todos los beneficios esenciales de la asana.
Nivel 3: Natarajasana completa con el pie cerca de la cabeza
Esta es la versión plena de la postura: el pie elevado se lleva muy alto, cerca de la cabeza, con ambas manos sujetándolo en algunas variantes. Requiere una flexibilidad de cuádriceps y una apertura de hombros considerables. No es un objetivo que se alcance en pocos meses.
Quien tenga la movilidad para expresarla completa la practica ocasionalmente, como expresión avanzada. Para la mayoría, el nivel 2 es el destino razonable y suficiente.
Contraindicaciones
Natarajasana es una postura exigente que requiere cuidado en varias situaciones.
Si tienes lesiones de rodilla (ligamentos, meniscos, sindromes femoropatelares), mantén la rodilla de apoyo ligeramente flexionada y evita la postura si aparece dolor. La rodilla de la pierna elevada también puede sufrir si se fuerza la flexión.
Con problemas lumbares o hernia discal, la inclinación del tronco hacia delante combinada con la extensión de la pierna puede agravar los síntomas. Practica solo la versión con apoyo en pared y con poca inclinación del tronco.
En caso de problemas de equilibrio, vertigo, problemas vestibulares o neuropatía periférica, practica siempre cerca de una pared o con supervisión. La caída desde una postura de equilibrio puede producir lesiones más serias que la postura misma.
Con lesiones de hombro que limiten la flexión del brazo hacia atrás, no fuerces la posición clásica. Sostén el pie por el interior con el codo flexionado o practica la versión en pared.
Durante el embarazo avanzado, el centro de gravedad cambiante hace que el equilibrio sobre una pierna sea menos seguro. Practica con apoyo de pared o sustituye por posturas de equilibrio más estables.

El bailarín que cierra el ciclo
Natarajasana es el cierre perfecto de una práctica, de una secuencia y, en este caso, de un mes dedicado a las posturas fundamentales. Lo es por varias razones. Exige lo que el resto de asanas han construido: la fuerza de Trikonasana, la apertura torácica de las extensiones, la concentración del equilibrio y la presencia que se cultiva en posturas sostenidas.
Pero lo hace con una diferencia esencial: desde la alegría. Natarajasana no es una postura severa. Es festiva. La danza de Shiva no es un castigo; es una celebración del movimiento del universo. Quien la practica con esa disposición descubre que el yoga no es solo disciplina: también es, en su expresión más plena, celebración.
Por eso cierra el mes de forma luminosa. Después de semanas de trabajo sobre las posturas fundamentales, la figura del bailarín integra todo lo aprendido y lo ofrece en un gesto que no pide perfección, sino participación. El drishti fijo, el pecho abierto, la respiración libre y la pierna elevada hacia el cielo.
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